sábado, 4 de febrero de 2017

Los monte Mampodre



En las montañas del Alto Esla y de Riaño habitaban la tribu celtibérica de los vadinienses, primos hermanos de otros pueblos indígenas montañeses como eran los bardulios, cántabros y astures. Todos ellos tenían el común modo de vida de instalar sus castros, núcleos de población fortificados, en lugares altos, sobre colinas, cerros y cuetos. Vivían de la caza, la pesca, la recogida de frutos silvestres, la agricultura y la ganadería. Su carácter era rudo, austero y guerrillero quizá por el aislamiento y por la dureza del entorno.

En la época de la conquista de los pueblos del norte por el emperador romano Augusto, este pueblo se resistía a ser doblegado y esclavizado por los romanos. Los hombres de los clanes de los castros de todos los alrededores se juntaron y les hacían frente mediante asaltos y emboscadas, pues no podían guerrear en batalla abierta porque eran muy pocos comparados con el moderno ejercito romano. Pero tenían agallas y audacia suficientes como para hostigarles, aunque fuera con la única forma posible que tenían en su mano, la de de emboscarles, salir de improviso de los bosques y tumbarles con sus rudimentarias armas, lanzas y venablos.

El general Augusto debía de estar ya harto de esta tenaz resistencia, y de que su ejército, a pesar de ser muy numeroso y ser considerado el más expeditivo, sufría muchas bajas. Empezó a sitiar y aislar los castros para que se murieran de hambre y a los hombres que cogía como escarnio les cortaba las manos, de ahí viene lo de Mampodre por evolución fonética de “manus putres” , manos podridas o podadas, tal y como nos dice la tradición, aunque quizás tenga mucho de leyenda.

Otra teoría es la que dice que viene, quizás , de "montem putridum" que eso sí que sería montes podridos...

Sea uno u otro el origen, a saber de donde viene el palabro... las lenguas son vivas y mutantes y siempre buscan los recovecos por donde acomodarse al g
usto de los hablantes en cada momento.

El oro blanco en Las Salinas de Añana



Hoy les presento un sitio mineralógico cuya visita no puede defraudar a nadie y es más, considero inexcusable su visita para quienes gustamos de solazarnos con los retazos de nuestra historia y con las formas de vida de los que nos precedieron.








Las Salinas de Añana se hallan en el sur de la bella Álava, y ocupa un amplio vallejo agraciado con su irrigación por varios manantiales salinos.

La curiosidad a uno le asalta cuando se entera de que Añana está encima de uno de los escasos y contados puntos con sal bajo tierra, y para que esto haya sido así han tenido que sucederse unas cuantas casualidades geológicas. En el caso que nos ocupa, en el solar de Añana ha tenido que haber necesariamente un mar, ese mar ha tenido que ir constriñéndose hasta su completa desaparición; durante ese largo proceso, mientras que el agua se esfumaba por evaporación, las sales iban precipitándose y, sobre ese fondo salino, se han tenido que acumular muchas capas de diversos sustratos hasta quedar definitivamente enterrada la masa de sal. 

Por fin el agua de lluvia hace el resto: atraviesa las capas de materiales depositadas sobre el viejo mar, llega a la veta, diluye la sal y la salmuera generada capilariza y asciende hasta encontrar un punto donde manar a la superficie. En definitiva, un cúmulo de azares se tienen que solapar para que tal prodigio acontezca.


El hombre prehistórico ya supo de las bondades de la sal, pues en un mundo sin otras formas conocidas de conservar el alimento, la sal se le antojaba como un elemento necesario y, por tanto, codiciado. Las bacterias que pudren los alimentos no pueden vivir en un medio salino y pronto advirtieron que la carne fresca rebozada en sal se deseca y acecina y no se pudre. Los rebaños mejoraban si su alimentación iba completada con sal y los antiguos galenos barruntaron asimismo que era un estupendo antiséptico. Para aprovisionarse del mineral los primitivos aprendieron a separarlo del agua cociéndola en ollas de cerámica; el agua se volatilizaba quedando las sales minerales en el interior y ya solo tenían que romper la vasija para liberar la preciada costra de sal. 





Con el paso del tiempo los beneficiarios de la salina repararon que era más práctico, rápido y fructuoso obtener sal evaporando su agua en piscinas. Abandonaron el rudimentario y gravoso método de la cocción y adoptaron la novedad. Así el Valle Salado se fue acuartelando en celdas donde el exiguo caudal de agua que los manantiales regalaba se esfumaba al amor del sol y del viento. Digo que el agua es escasa, pero aquellos salineros la supieron aprovechar con orden y concierto estableciendo un cabal sistema de turnos de riego e idearon una suerte de reparto que llamaban "muera". 










Faltaba resolver la forma de conseguir la horizontalidad de las piscinas en un medio agreste y de fuertes pendientes. Pues bien, estas hábiles gentes salineras apuntalaron, para corregir la inclinación de las laderas, las plataformas destinadas como eras de secado. Para conseguir la estanqueidad de las piscinas acomodaron una solera de arcilla y practicaron sumideros para desaguar los lodos salitrosos obtenidos hacia el espacio nuevo inferior ganado a la montaña. La blanca pasta se amontonaba en los bajos de la era para que fuera escurriendo antes de ser trasportada en sacos a los almacenes del pueblo. Esa forma de producción poco a cambiado hasta el momento actual, y ha propiciado un paisaje insólito de estructuras de madera, tierra, agua y sal. 




Durante los siglos posteriores, todos pretendieron controlar la producción del ingenio: funcionarios romanos, señores feudales, poderosos monasterios, nobles medievales y reyes modernos desearon con vehemencia el monopolio de la venta del deseado mineral; no en vano desde la antigüedad se consideró a la sal como el oro blanco. La sal de Añana fue muy deseada por la industria pescatera vasca, bacaladera de las pesquerías de los lejanos mares del norte y por la chacinera castellana. Pero como pasa con todos los productos, la bonanza del negocio va dada de la mano de su consumo y, por tanto, de su demanda. 

Esta sal obtenida artesanalmente no pudo competir en precio con la sal marina, producida en cantidades mayores y obtenida de una forma más sencilla y menos onerosa, ni tampoco con las nuevas formas de conservación de los alimentos, me refiero concretamente a la refrigeración doméstica. En el último siglo Añana inició su declive hasta casi desaparecer su, hasta entonces, febril actividad extractiva. El Valle Salado se fue apagando; ya nadie se ocupaba de entibar los puntales, rehacer los albañales y recomponer las eras. El yacimiento tomó la senda del abandono y de la ruina total. 





Afortunadamente las Administraciones públicas recién se han dado cuenta del enorme valor histórico y paisajístico del lugar, quizás único en el mundo, y se han volcado en la labor de restauración del complejo salinero, han diseñado una atractiva divulgación turística y dotado de un inmejorable servicio de guianza; la comunidad de salineros ha recuperado el buen oficio trasmitido a lo largo de generaciones, y los grandes maestros de la cocina española, vasca sobre todo, que ya es mucho decir, han puesto su granito de arena utilizando en sus diseños culinarios la sal de Añana, una vetusta joya, alojada en las entrañas de la tierra durante unos cuantos de millones de años, y que puesta en el plato recobra definitivamente el bien merecido apelativo de oro blanco.




sábado, 21 de enero de 2017

La chirigota de carnaval





Hemos cambiado de año y el tiempo va que arde; ni nos enteraremos cuando de repente se nos presente carnaval.

En muchos pueblos de Andalucía las chirigotas y comparsas llevan ya meses ensayando los cuplés, pasosobles y popurrís con qué satirizar los acontecimientos de los respectivos pueblos o del país. Los ensayos son igual de rigurosos que los de la filarmónica de Estocolmo. Y se repite las letrillas mil veces hasta que cuadre a la perfección con el compás y el son elegidos para la ocasión. Los letristas de cada agrupación se devanean los sesos buscando el mejor chiste en verso, caminando vertiginosamente por el filo que hay entre lo ocurrente, lo agudo y lo hiriente, pero huyendo siempre de lo burdo y de la gracia fácil; es el puro cachondeo hecho arte.

No me imagino a luxemburgueses, noruegos ni neozelandeses gastándoselas así... Y es que no hay gente en el mundo que tenga más chispa y sal que el pueblo andaluz.

lunes, 16 de enero de 2017

La ventana más pequeña del mundo








El que Toledo es de las ciudades más interesantes de España nadie lo duda. Pienso que todo lo que el viajero gustoso de recrearse con la historia lo halla en la capital del Tajo. Pasear por su callejero de noche, cuando los restaurantes y tiendas de recuerdos atestados de espadas y navajas de acero toledano han cerrado, y se han evaporado de su callejero las hordas de japoneses, nos transporta a la España del siglo de Oro.

Cientos de leyendas se han forjado en sus vetustas calles y palacios. Pero no quiero contar nada que ignoro y prefiero traerles a colación esta estampa que pasa inadvertida para propios y foráneos, pero no para ustedes, mis lectores (o seguidores de esta corchera, si lo prefieren), que sé de buena tinta que somos gente curiosa y nos solazamos contemplando imágenes inauditas de nuestra España. Me estoy refiriendo a
l ventanuco que les muestro en la imagen, el cual fue practicado en la fachada de un casón del siglo XVI y que los  estudiosos de estas singularidades han convenido en admitir que se trata de la ventana más pequeña del mundo, y como tal está acreditado en el libro Guiness de los récords.

Su dueño tuvo que barruntar la conveniencia de disponer de un visor que le permitiera escrutar lo acontecido en la calle sin ser visto. En efecto se trata de una ventana, los barrotes en cruz y su forma cuadrilátera lo delatan. El marco de piedra en su lado inferior luce una enigmática inscripción en caracteres árabes, quizás, y cuyo significado desconocemos. Desde luego que su cometido fue el de servir como mirilla para saber de las visitas, oportunas o no, al palacio, pero seguro, porque es tentativo, que también dieron un uso torticero y me pregunto cuántos secretos y confidencias habrán descubierto esos enterones y fisgones caseros.

Se dice que la calle La Sillería, donde se halla el Casón de los López, en esa época barroca estaba colmada de cantinas y ventas muy frecuentadas, entre otros por Cervantes. Y no me digan ahora que no hubieran dado un ojo de la cara, y digo uno, no los dos, claro, por contemplar la escena de ver a don Miguel garbear de taberna en taberna, y de saber de sus cuitas... Ahora comprendemos mejor la necesidad de disponer de ventanillos, porque queramos o no los humanos somos cotillas por naturaleza ...


martes, 13 de diciembre de 2016

La familia

La familia de Mario (pintor Jesús Román Sanz)

Quería aprovechar que ha caído entre mis manos (si quisiera decir la verdad tendría que decir -ha caído en mi facebook-) este cuadro de un artista muy amigo mío que se llama Jesús Román Sanz, a quien dedico este relato descriptivo de la pintura; y también a Mario, buen amigo también, quien junto a su familia son los representados en el cuadro, aparte de ser quien encomendó el trabajo.

Estamos en los años ochenta y la Administración expendía el título de familia numerosa con el que se obtenían muchos descuentos para viajar con la renfe, matricularse en el insti, obtener una beca o en los abonos de las piscinas municipales. Para que no hubiera trampa y a falta de otros métodos más fiables de autenticidad, la cartilla lucía en su primera página una foto con todos los miembros matasellada (compulsada se decía) en tinta más o menos morada según el ímpetu del golpe de mano que propinara el funcionario.

El caso es que en España todos o casi todos éramos familias numerosas (calificación conseguida con el cuarto hijo) y, por tanto, todas las familias tenemos en casa fotos parecidas, pero no la suerte de que éstas se hayan tomado como modelo para una obra pictórica, porque las imágenes fotográficas son frías, planas, casi insulsas, pero pasadas al óleo y al lienzo cobran una inusitada vida y fuerza. Y en esta composición parece que no pasa nada y pasa mucho.

Y entro a pormenorizar los muchos detalles que advierto y las ideas que me ha despertado esta bella e interesante obra. 

Los miembros de la familia se disponen en el cuadro de una forma armoniosa y lógica. Para ensalzar el cariz paterno-maternofilial padre y madre ocupan el centro de la imagen y los hijos se diponen alrededor suyos y en diferentes planos según la edad: la niña pequeña queda en primer plano y sentada sobre el regazo del padre; el chaval mediano en el mismo segundo plano que los padres, quizás unos centímetros más atrasado; y los hermanos mayores, ya buenos mozos, atrás, en el tercer plano. Curiosamente, así dispuestos, las tres personas de la izquierda forman una escalera, pero los otros tres no; lógicamente si se hubieran enfilado también los tres de la derecha la composición habría perdido estabilidad visual; nuestro cerebro vería rara o ilógica esa simetricidad.

Madre e hija (siempre ellas...) han elegido el elegante color negro para posar y el exceso de rojo, presente en varias prendas, el pintor ha conseguido mitigarlo con los blancos y el verde de las otras vestimentas y con el suave anaranjado de la pared.  

Las personas están quietas, demasiado quietas, sin embargo la madre se inclina un poquito y sin quererlo aporta un poco de movimiento a la escena. Los cuerpos permanecen inmóviles pero no los ojos, o mejor dicho, las miradas. Lo primero que me llamó la atención del cuadro es el poder que ejercen éstas en la composición. Todos los ojos son parecidos, quizás por contener el mismo tono negro, pero no las miradas: algunas miran de frente y otras están ligeramente desviadas buscando algún otro objeto cercano, y en ellas podemos sonsacar matices que van desde la inocencia de la hija pequeña, la nostalgia de la madre, la complacencia del padre, hasta la mirada risueña, o mejor dicho, placentera de la adolescente, quizás ya moza.

Otro punto que me ha llamado la atención es el de la técnica empleada, pues el artista no ha querido dejar rastro alguno de dibujo y las formas las ha conseguido solamente con la aplicación del color. Y esto nos suena a la corriente impresionista que puso toda la carne en el asador con la aplicación de los colores: no quisieron ya representar objetos, se olvidaron de describir detalles y confiaron en arrancar las emociones con el uso del cromatismo. Por ejemplo, yo lo percibo perfectamente en las caras, todos los matices están conseguidos no con detalles descriptivos, trazos refinados o reseñando el contorno de las siluetas, si no con sucesivas capas de material hasta conseguir interesantes encarnaciones y sus sutiles sombras.

La pared está despojada de todo elemento que pudiera despistar la mirada del espectador; a pesar de la carencia de detalles vemos,sin embargo, que la materia no está extendida uniformemente y se percibe temblorosas o nerviosas pinceladas y algunos tonos azulados. Desde luego el color salmón elegido es más que apropiado porque hace de colchón cromático donde descansan las fuertes manchas rojas, verdes y negras del ropaje. La pared desnuda no ayuda en la comprensión tridimensional de la escena; tal misión corresponde a la colocación de las personas que al disponerse en tres planos se explica la perspectiva. En todo caso la pared, junto a los tenues reflejos de las caras, aportan una gran luminosidad al lienzo.

En definitiva, con esta lograda creación el pintor ha cumplido con tino y acierto el desafío de componer una obra audaz y comprometida pero respetuosa con el encargo dado de retratar fielmente a la familia.


  

domingo, 11 de diciembre de 2016

el busto de la madre de Victorio Macho

El escultor Victorio Macho, un genio de la imageniería española del S. XX, lo que le más le satisfacía era diseñar estatuas colosales, como la del Cristo del Otero erigida en mi ciudad y otras que ideó pero no se pudo llevar a cabo por excesivas y desmesuradas: "El coloso de España" , "El altar de Castilla", "San Juan de la Cruz",... esculturas que hubieran rebasado los 40 metros.
Pero cuando se enfrentaba al reto de retratar a familiares y amigos se afanó en alcanzar la máxima pulcritud y delicadeza de las formas, como podemos solazarnos con estos bustos de su amada madre. Y en este género de obras sacrificó su megalomanía y su talento innovador en aras de dotarlos de un gran realismo y de captar sus caracteres psicológicos. En efecto, esos personajes retratados hablan...

los caminos de la libertad

Valle de Hecho: frontera natural hispano-francesa

Los altos pirineos se nos muestran aparentemente como una barrera infranqueable que nos separa de la hermana Francia. Pero no es así. Desde siempre la cordillera ha sido permeable para todos los que por algún motivo han necesitado atravesarla.
Si nos centramos en los finales de los años treinta y principio de los cuarenta, sus pasos y collados fueron testigos de un trasiego de personas con el único objetivo de salvar el pellejo. Y ahora que contemplamos con perplejidad, en el mejor de los casos, e indolencia, en el peor, al drama sirio, traigo a colación lo que les voy a contar porque verán ustedes la poca diferencia que hay entre ambos hechos.
Y es que durante la nefasta guerra civil española y ante el empuje de las fuerzas sublevadas, los milicianos republicanos y sus familias tuvieron que cruzar las montañas para huir de las purgas que se iban produciendo en la retaguardia. Lo que ahora nos parece a los excursionistas una bendición por la belleza de sus paisajes, las crestas y riscos forrados de hielo y nieve tuvieron que ser sentidos como un infierno por aquellos pobres desgraciados. Gracias a los "pasadores", como así se llamaban a los paisanos que, conocedores del terreno, se prestaron a guiar a los huidos, pudieron llegar sanos y salvos a los valles y pueblos tramontanos.
Ganado el territorio "amigo“; y lo entrecomillo porque esos evadidos pronto se dieron cuenta que lo que les esperaba en el país vecino no era un camino de rosas, comenzaba para ellos una segunda aventura. El gobierno francés, ante la llegada de miles de refugiados españoles, habilitó campos de concentración - Y esto nos sigue recordando a la tragedia siria- donde contenerlos a la espera de que se les ocurriera algún tipo de solución
-y también nos vuelve a sonar, ¿Verdad?

Val d'Echo: collado de Acherito y agujas de Ansabère
Seguimos el relato sin perder el hilo. Resulta que poco tiempo después (menos de un año) empieza la II Guerra Mundial. Ahora es la emergente Alemania quien ocupa Francia con la ayuda del cobarde Vichy constriñendo a la Francia libre contra el paredón pirenaico. Miles de partisanos tienen que rebasar la cordillera para ganar suelo español con la ayuda de nuevo de los "pasadores" (ahora pastores y lugareños franceses) y cruzar Ia península para unirse al ejército de la Francia libre del General De Gaulle que a la sazón andaba combatiendo en Argelia.
Franco, de la misma cuerda que Hitler y Mussolini, no podía permitir que esos soldados y combatientes engrosaran las fuerzas aliadas e instruyó oportunamente a La Guardia Civil y al ejército, acuartelados en los puestos fronterizos, para repelerlos a tiros si fuera menester, capturarlos para entregarlos a las autoridades alemanas o francesas colaboracionistas, o bien para recluirlos en las cárceles de Jaca, Barbastro, Pamplona y Huesca, o en los campos de concentración de Miranda y Nanclares.
Contrabandistas, extraperlistas y judíos que huían del terror nazi completaron la galería de personajes que tuvieron que traspasar la cordillera.
Y la historia se repite, como los golpes de un martillo pilón, para recordarnos que cuando está en juego la vida de las personas y de las familias no hay muro ni barrera que impida el éxodo, sean tapias de hormigón, vallas alambradas, mares o fuego cruzado.
Aquellos altos puertos en algún momento fueron la puerta de la salvación, la ventana a una segunda oportunidad y el culmen de muchos sueños, y por eso convinieron en llamar a las veredas que los salvan Los Caminos de la Libertad.

Val d'Echo: ibón de Acherito