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viernes, 12 de mayo de 2017

LOS ESTIPENDIOS DE LA MISA



Estipendios de Misa. Iglesia de San Cipriano de Pedraza de Campos (Palencia)
En muchas iglesias de los pueblos terracampinos y ,entiendo, que de España en general, cuelgan de sus paredes vetustas tablas raídas por las humedades y taladradas por la carcoma con los estadillos de las misas encargadas por los vecinos más píos. Nadie las hace caso alguno porque la lectura costosa no es bien recibida; tampoco atrae los asuntos que en esos textos se tratan por extemporáneos.

Así que ahí se encuentran adornando paredes de trascoros y capillas esperando que algún feligrés fisgón pose sus ojos en los cuidados trazos de sus escrituras, y bien de curiosidades pueden despertar una somera pero atenta ojeada, al menos para mí que por mi oficio de dulzainero tengo que oír muchas misas y que mientras llega el momento solemne de la consagración, cuando me juego el prestigio y los cuartos, me entretengo husmeando sus retablos y oratorios, solazándome con la ampulosidad de la imaginería y con la inmensa belleza de nuestros templos.

Decía, hablando de estas tablas de estipendios de misas que, por lo visto, no debieron ser pocos los feligreses dadivosos que recurrieron a este método de salvación por vía pecuniaria: el oferente declaraba una intención, generalmente la redención de su alma y las de sus familiares vivos o difuntos y el párroco o vicario, una vez aceptado el encargo, celebraba la correspondiente misa en la fecha acordada, intermediando así, y a través de la Eucaristía, con Dios todopoderoso.

Para fomentar este uso antiquísimo y saludable para la Iglesia premiaron tanta caridad cristiana y tanta largueza a la hora de pagar misas otorgando pingües indulgencias; es decir, a más misas encargadas, menos mili en el purgatorio. Y todos sabemos de la importancia de purgar pronto los pecados, acortar la estadía en ese limbo o terreno de nadie, difícil de comprender y ubicar para nosotros los mortales, pero que en todo caso urgía salir disparado de allí y subir cuanto antes al cielo, donde seguro que se está mucho mejor que en dicho purificatorio y aún mejor que aquí abajo, en la Tierra, donde ya sabemos todos que esto no es más que un valle de lágrimas.

Y en esa idea de salvar su alma y purgar sus pecados temporales y terrenales (el original quedó expiado cuando le bautizaron) tenemos a doña Catalina. Me pregunto qué pecados terrenales habrá cometido la buena señora para tener que rascarse así la faltriquera, pues ya vemos que arrimó ocho realazos de vellón para cubrir dos misas, una de ellas, cómo no, en honra a su santa homónima Catalina, la de la rueda. Pero en el estadillo no se cuenta nada más porque es de mal gusto mentar pecado y pecador. Es la más desprendida, porque los otros limosneros con tres reales y unos maravedís (que serían los céntimos de la época, pura calderilla, vamos...) ya cumplían.

Leo también que Martín de Abastas quiso darse otro homenaje, porque al fin y al cabo -¿Qué son cuatro reales para el día de San Andrés? Bien lo merecía este mártir que sufrió lo indecible en una crucifixión en cruz aspada, bastante más atroz que la de en cruz a escuadra empleada por los malvados verdugos romanos, por incómoda de soportar esta rara postura, supongo...

La Iglesia siempre ha instruido la necesidad de ajustar una misa por cada intención, y ahí no vale hacer la trampa de celebrar una única misa para cumplir varios encargos. No obstante, entiendo que una cosa es el encargo de la misa y otra la asistencia obligatoria, y que una cosa no implicara la otra, porque entonces más de un fiel pasaría más tiempo en capilla que en su propia casa. Y los curas acabarían más que hartos de repetir tantas veces la eucaristía. Pero bueno, es su trabajo, y a casi nadie nos gusta nuestro trabajo....

Y para que no hubiera malas cuentas, ya estaba el afanoso escribano Gregorio Vicente levantando acta, con inmaculada y clara caligrafía, y a dos tintas, de todos los cobros y de las respectivas misas mandatadas. De la cobranza y custodia de los estipendios ya se encargaban párrocos y vicarios, que de toda la vida de dios han tenido fama de buenos ecónomos.

Y no dejo de asemejar este audaz sistema recaudatorio, que además de tener ocupados los púlpitos, abasteció la caja de caudales, con el actual, más edulcorado, eso sí, mediante el cual la Iglesia nos invita con vehemencia en radio y televisión a marcar la equis en la casilla pertinente, ahora que nos encontramos en período de rendir cuentas con nuestro maltrecho fisco mediante la declaración de la renta.

Y es que a veces el dinero huele a incienso...


domingo, 11 de diciembre de 2016

el busto de la madre de Victorio Macho

El escultor Victorio Macho, un genio de la imageniería española del S. XX, lo que le más le satisfacía era diseñar estatuas colosales, como la del Cristo del Otero erigida en mi ciudad y otras que ideó pero no se pudo llevar a cabo por excesivas y desmesuradas: "El coloso de España" , "El altar de Castilla", "San Juan de la Cruz",... esculturas que hubieran rebasado los 40 metros.
Pero cuando se enfrentaba al reto de retratar a familiares y amigos se afanó en alcanzar la máxima pulcritud y delicadeza de las formas, como podemos solazarnos con estos bustos de su amada madre. Y en este género de obras sacrificó su megalomanía y su talento innovador en aras de dotarlos de un gran realismo y de captar sus caracteres psicológicos. En efecto, esos personajes retratados hablan...

miércoles, 7 de septiembre de 2016

El Chiborra


EL CHIBORRA


Y hoy les invito a ver esta foto, siguiendo con el tema de las danzas rituales que aún se conservan en nuestros pueblos.

Esta fotografía de los años 50 retrata a un chiborra, personaje importantísimo en la danza, pues es quien la dirije, organiza los ensayos, enmienda la plana al danzante que mete el palo a descompás y abre camino a la comitiva entre la concurrencia los días de fiesta, que es cuando cobra mayor esplendor. 

La estampa se las trae..., al menos para los que nos gusta escudriñar y averiguar todo el acontecimiento. Y a veces me ha provocado una abstracción total durante minutos.


El chiborra ataviado con su disfraz multicolor, casi carnavalesco o, mejor dicho, diablesco, posa orgulloso y varonil ante el fotógrafo enviado a Cisneros desde El Foro por algún noticiero costumbrista de la época, en cuyos almanaques aparecieron publicadas y descritas las tradiciones más genuinas de España. Para acentuar ese carácter, el chiborra porta una careta burlesca y se apoya con decisión y ademán de mando en una vara rematada con un pellejo para azotar a los chiguitos incordiantes durante la procesión.

El fotógrafo podía haberse conformado con una visión somera de su aspecto estrafalario, pero optó por dignificarle y acertó con un inspirado picado de abajo a arriba para realzar la figura del chiborra y la importancia de su cargo, y para ello le otorga todo el primer plano. La iglesia queda bellamente difuminada en un segundo plano. Mientras un viandante vestido de gala, como es de rigor los días de fiesta, pasea indolente por la desierta y polvorienta calle, el cura fisgón, apostado en el atrio, no pierde detalle del suceso ya que nada de lo que acaece en el pueblo se le escapa al escrutinio de su ojo avizor.


Estampas de Tierra de Campos: "La danza"



LA DANZA



El 8 de septiembre se conmemora el nacimiento de la virgen María y en multitud de pueblos de España aún se celebra con danzas y paloteos ancestrales como en el pueblo de Cisneros.

Tradiciones cuyos orígenes se pierden en la noche de los tiempos y que en ciertos momentos reviven con brío para hacernos recordar nuestro pasado . Y es que oír restallar los vigorosos palos entre sí no deja de trasportarnos, quizás, a las danzas guerreras que nuestros antepasados alguna vez ejecutaron.

martes, 6 de septiembre de 2016

Estampas de Tierra de Campos: El Vítor de Mayorga


EL VÍTOR DE MAYORGA





























Todas las noches de los veintisiete de septiembre se celebra en Mayorga la procesión del Vítor. Y aunque tengo vistas muchas, a fe que esta es la más insólita de cuantas conozco.

Santo Toribio de Mogrovejo fue obispo de Lima, en el Perú, allá por el mil setecientos y pico. Cuando sus reliquias vinieron a su pueblo natal sus paisanos las recibieron con gran gozo y las llevaron en procesión por las calles del pueblo portando teas y antorchas para alumbrarse en la noche cerrada.

Y aquel suceso se convirtió en tradición hasta nuestros días. Los mayorganos procesionan a su santo patrón, representado en el VÍTOR, como doctorando por Salamanca que fue, y así reza en el estandarte. Cientos de corambres u odres en llamas, pendidas de largos varales y pértigas, alumbran la comitiva que avanza pesadamente entre los goterones de pez ardiente que esculla por los harapientos gabanes y sombrerones de los procesionarios y el pestilente olor del humo del alquitrán recién fundido.

La visión del grandioso espectáculo no deja más que evocarme aquellos akelarres perdidos en la noche de los tiempos.

miércoles, 10 de febrero de 2016

El caso de la Santa Cruz de la Zarza: otra ignominia más


SANTA CRUZ DE LA ZARZA







Ya tenía ganas de escribir acerca de esta iglesia completamente abandonada y olvidada de la mano de dios, que hasta él parece que le ha dado la espalda por el estado de semirruina en el que se encuentra. Iglesia que he visitado muchas veces para fustazo y azote de mis ojos, pues asevero que es paradigma de otra ignominia más de las muchas que los ciudadanos con gusto y amor por el patrimonio artístico tenemos que soportar. 



Y a ver cómo me explico con un poco de mesura; prometo contar hasta diez y tragar saliva, porque de veras a uno le dan ganas de pellizcarse los pezones y de tirarse cristales rotos a los ojos para no tener que ver más el estado actual en el que se encuentra esta joya medieval.


Adjunto unos datos de historia obtenidos en la red, pero sáltenselo si prefieren leer la reflexión final. 



Reseña histórica 
Y les doy unas reseñas de su devenir en el tiempo, y que nunca están de más, para ponerles en antecedentes de lo que les quiero trasmitir. 
Dice la tradición y la leyenda que fue el mismo Fernán Ansúrez, a la sazón Conde de Castilla, conde levantisco contra el rey leonés, quien en el año 922 inició la construcción del primer monasterio e invitó a su ocupación a los comendadores de Santiago. De ello no hay pruebas documentales pero lo que sí es cierto es que dos siglos después Alfonso VIII, rey de Castilla, se fijó en ese lugar de la vega baja del río Carrión para instituir un monasterio con monjes venidos del famoso Monasterio de Santa María de Retuerta, que se halla en Sardón, en la ribera del Duero.
Tal monasterio debió tener su momento de mayor esplendor unos siglos después, pues se sabe que el emperador Felipe II lo visitó.
Pero pronto empezó su ocaso. Aquellos frailes premostratenses poblaron el cenobio hasta 1627, fecha en que el Capítulo General de la Orden decidió trasladar a sus residentes a Valladolid, quedando definitivamente abandonado. Un incendio y una posterior inundación propiciaron su ruina. Las leyes desamortizadoras del ministro Mendizábal le dieron la puntilla al pasar todo el predio sobre el que se asienta a manos privadas en 1841.
Aunque el edificio de lo que fue el cenobio ha desaparecido casi por completo y solo se mantiene la sala capitular, aún se mantiene en pie la iglesia, formidable muestra de arquitectura tardorrománica y protogótica. Esta iglesia, erigida bajo la advocación de San Norberto, santo francés fundador de la orden premostatense, tiene un gran influjo de la arquitectura cisterciense, y ya captó la atención de las autoridades políticas culturales de los años veinte del siglo pasado y en el 1931 fue declarada Monumento Histórico-Artístico de interés nacional. Baste decir que la sala capitular está considerada como de las más importantes en toda España.
A pesar de la importancia y belleza del templo, un largo y complicado litigio acerca de la propiedad del mismo entre la diócesis de Palencia y la empresa agroganadera propietaria de la finca donde se ubica hace imposible una solución restauradora del mismo. Y ambos litigantes han ganado juicios en los diferentes tribunales pues ambos presentan pruebas registrales de escrituras de propiedad.






De vez en cuando tengo la insana costumbre, porque me produce laceración, de abrir la Lista Roja del Patrimonio Español en Peligro, confeccionado por la Asociación Hispania Nostra, un listado que se ha hecho a semejanza del que hay para animales o plantas en amenaza de extinción. Y ahí aparece mi provincia, encabezando este oprobioso listado con sus veintidós monumentos, muchos de los cuales se hallan ya no solo en peligro si no en estado de ruina inminente. 


El seguimiento del caso judicial de la maldita propiedad de la iglesia de Santa Cruz de la Zarza  ya lo veo como un acto de flagelación. El saber que ambos pleiteantes han sido capaces de llevar los respectivos recursos a los más altos tribunales como son el Supremo o el Europeo de Estrasburgo, empleando en ello dinero en costas, minutas de abogados  y un montón de años  que conllevan los plazos en los procesos judiciales, me produce ulceración. Pero así nos las gastamos en la piel de toro, porque definitivamente somos un pueblo poco dado a acordar o pactar, menos aún a ceder y  mucho más a porfiar, que en eso somos campeones. Y ya lo sentenció con locuacidad y con media docena de palabras don Antonio Machado: -"En España, de cada diez cabezas, nueve embiste y una piensa".


Mientras tanto, los administradores provinciales y regionales de lo público miran para otro lado para no molestar. Pero no se preocupen los querellantes que dentro de poco alguno se saldrá con la suya y el juicio se va a resolver con la derrota de ambos contendientes: uno porque el tribunal le va a negar su condición de dueño y el otro porque la ganancia va a ser de una verdadera escombrera, porque la iglesia, señoras y señores, se cae... 



Y la Junta de Castilla y León ya no tendrá que gastar ni un duro para alivio de su maltrecha arca de caudales. No me cabe ninguna que ese es el porvenir del templo deseado por todos, el del derrumbe, cada uno por sus motivaciones y a ese fin parece que van dedicados todos los actos y omisiones. La desidia y desinterés de la ciudadanía hace el resto, y así se cumplirá una vez el refrán de que "muerto el perro se acabó la rabia..."


Y mientras estos acontecimientos se suceden, la iglesia va sucumbiendo al paso del tiempo y a los robos. Los excepcionales grifos, la arpía, sus guerreros pertrechados de armas y celadas; y los complicados entramados vegetales que adornan las cestas de los capitales, languidecen inermes ante las inclemencias del clima meseteño. La torre ya no aguanta más el peso de los nidos de las cigüeñas. El hedor de la palomina ha sustituido el del incienso y por los ventanales de la sala capitular la maraña de zarzas apenas deja pasar la claridad del día. 


Dentro de unos años, no muchos, la vieja iglesia de San Norberto, dejada a su suerte, hincará las rodillas y ya cansada de tanto desamparo caerá desplomada para siempre. Y comenzará el gran teatro: los actores se llevarán las manos a la cabeza y se señalarán unos a otros con el dedo acusador como responsables de la tragedia. Unos por acción y otros por omisión seremos todos culpables, pero por fortuna el disgusto nos durará solamente la jornada que el fatal desenlace ocupe alguna página de los noticieros.


miércoles, 27 de enero de 2016

Estampas de Castilla: los dos cerros de Palencia







Palencia tiene dos cerros que nos vienen de perlas para romper la monotonía del paisaje estepeño, pues esta vetusta ciudad está situada a las puertas de Tierra de Campos, seguramente la región más plana de España. De Palencia hacia el oeste y hacia el norte ya no hay más que llanura poblada de cebadas y tobas, y de algunos tesos donde se apostan avutardas y la vigilante liebre. 

Pues bien, y a la que voy, no hay pocos quien ven en ellos verdaderas pirámides, y no solo por su perfecta y armoniosa conicidad, sino por el fuerte simbolismo que estas formas desprenden o así lo captaron en muchas civilizaciones antiguas. Simbolismo y esoterismo que para los hombres actuales es impalpable, pero que en tiempos pretéritos aquellos moradores de la llanura sin duda lo percibieron.

No es casualidad que ambos cerros: San Juanillo y del Otero a secas, como los llamamos en el país, fueron poblados (o al menos visitados) desde la antigüedad por aquellos hombres del neolítico, como así lo atestiguan numerosos vestigios encontrados en las excavaciones de hace unas décadas. También aquella tribu celtíbera que los romanos apelaron como vacceos dejaron su impronta en sus laderas en forma de vasijas de cerámica y herramientas varias. Y algún tesorillo de monedas acuñadas en alguna ceca visigoda cercana alguien debió esconder en sus vargas de puro yeso.

Pero luego fueron requeridos por eremitas como así lo corroboran las ermitas que se hallan en sendas cumbres, aprovechando que el yeso es un mineral fácilmente modelable y que de suyo forma galerías naturales o, en todo caso, permiten una fácil excavación. En la cueva-ermita del cerro del Otero se refugió Santo Toribio de las iras del pueblo, que en aquellos momentos de los albores de la cristiandad en la península, eran adeptos del hereje obispo Prisciliano, cuando aquél predicador quiso traerles las nuevas de la verdadera doctrina cristiana.

Pero algo debieron ver nuestros antepasados para elegir ambos altozanos como lugares de ineludible visita, quizás vieron en sus cumbreras los lugares perfectos como altares para sus ritos religiosos, ya que en todas las civilizaciones buscaron puntos intermedios entre la tierra y el cielo, y punto desde donde contemplar mejor las estrellas. Y mejores atalayas en este altiplano no pudieron encontrar.

Recientemente el genial escutor Victorio Macho recargó de fuerte espiritualidad el lugar cuando eligió el cerro del Otero para erigir su coloso Cristo del Sagrado Corazón o Cristo del Otero como definitivamente lo ha apelado el pueblo. Nuestro Cristo protector mira a la ciudad y con sus manos parece bendecirla.


Todos los días, camino del trabajo, me desayuno con esta ella bella estampa del sol emergiendo entre ambos senos. Y les tengo que decir que su contemplación ejerce, además de verdadero embelasamiento, una atración total por ascenderlos, aunque sea solo de intención, para admirar la amanecida que por estos lares nos viene de la parte de Burgos.

miércoles, 20 de enero de 2016

Estampas de Castilla: La Fortaleza de Gormaz, símbolo de la Castilla más mora



LA FORTALEZA DE GORMAZ



LA MURALLA










Hoy les propongo que echemos un vistazo a nuestra Castilla más mora, demasiado olvidada, o mejor dicho, desconocida. Y para ello nada mejor que una visita a la alcazaba de Gormaz, una enorme construcción que está considerada la más grande, de entre las musulmanas, en territorio europeo, con más de un kilómetro de recinto amurallado. Tuvo que ser así de desmesurada la fortaleza ya que aquellas gentes cristianas y musulmanas no se andaban con chiquitas a la hora de dominar la frontera que fue el río Duero para esos reinos hace más de mil años.

Pero hay algo más en lo que es insuperable, y es que la bella panorámica que se puede contemplar desde sus muros del río Duero, de su vega y ribera, sus sotos y tierras de labor, no tiene parangón, máxime en otoño, cuando no queda un ocre ni un amarillo que quede fuera de la paleta de colores.
LA PUERTA CALIFAL

Y si les ha gustado la vista que regala intramuros la puerta califal, adjunto esta otra vista extramuros, que aún es más interesante y hermosa, desde este estupendo balcón que se hizo construir aquel príncipe moro.




Desde luego que el arco de herradura nos ejerce ya en sí una atracción visual enorme, quizás por su exoticismo y evocación orientalizante y, en todo caso, por ser más airoso que el austero arco de medio punto medieval omnipresente en la cristiandad. Pero esta puerta, paso principal de acceso al fuerte, es aún más bella con la duplicación de los dos arcos; el exterior más grande; el interior más chico. Entre ambos dejaron una buhadera, un vano para poder defenderse de los asedios desde donde podían lanzar flechas y otros proyectiles sin ser hostigados por el atacante. Tal recurso militar fue muy utilizado, tanto en castillos moros como en los cristianos, por todas aquellas gentes guerreras.

El elegante arco exterior está enmarcado por una cenefa que en arquitectura llaman alfiz, y que en otros edificios suntuosos andalusíes aprovechaban para decorarlo con motivos geométricos o con textos en escritura árabe, casi siempre versos coránicos, pero aquí nunca los hubo; seguramente aquellos recios soldados no estaban para poesías ni sutilezas.

Mil y cien años después de su factura, aún se luce con orgullo, altivez y pinturería, sabiendo que por su regazo han pasado gente ilustre como fueron el general Galib, quien levantó el fuerte siguiendo el mandato de su señor, el Califa cordobés; o el temido guerrero Almanzor, o decenios después Rodríguez de Vivar -El Cid-, que también fue señor del sitio.
Esta soberbia fortaleza, de haberse conservado en mejor estado, seguro que hubiera sido un monumento tan principal como la mezquita cordobesa pero, aun su estado casi ruinoso, la fortaleza no pierde un ápice de fascinante, y a Castilla la hace un poco más moruna. 

Estampas de Castilla: El ferrocarril Valladolid-Ariza


EL FERROCARRIL VALLADOLID-ARIZA

La línea ferroviaria Valladolid-Ariza vertebró parte del movimiento de viajeros y mercancías del centro de Castilla, uniendo el este con el oeste de la región a través del corredor del Duero, y ésta con una línea de mayor importancia como la Madrid-Zaragoza a la altura de Ariza. Algo fundamental ya que en España siempre se ha promovido las vías de comunicación norte-sur, olvidándose de las transversales.

En el siglo que estuvo hábil no conoció la electrificación y desde su nacimiento ya tenía su parte de defunción servido, pues apenas conoció inversiones que posibilitaran un uso cómodo y rápido. Eso sí, barato el boleto sí que lo tuvo que ser, a tenor del dicho que el gracejo popular acuñó: "Entre Langa y Berlanga, este tren es una ganga...".


Aunque conoció momentos de esplendor como cuando se decidió incluir el moderno TER Salamanca-Zaragoza dentro de la línea, o el Expreso Shangai La Coruña-Barcelona, una mano negra siempre se cernió sobre esta importante obra civil: ni conoció actos públicos en la inauguración de la nueva línea, allá por el 1895, ni al día se hoy ha cuajado ningún proyecto turístico o cultural que pudieran permitirla una segunda vida, a pesar de la belleza paisajística y prolijidad monumental del entorno por donde discurre.

Poco a poco las estaciones y apeaderos van arruinándose; ya no hay más que broza cubriendo el balasto, zarzas enmarañadas ocultando las traviesas y orín comiéndose el fierro; los postes y cableado que alguna vez llevaron telegrafía ya solo sirven de apoyaderos de cernícalos y ratoneros... Pero no hay nada más especial en ello; para los que vivimos en esta tierra no nos coge de nuevas, donde todo lo que nos rodea es decrepitud, languidez y a veces desolación.


martes, 19 de enero de 2016

Estampas de Castilla: el acueducto de Segovia


EL ACUEDUCTO DE SEGOVIA






          Veo y reveo mil veces el acueducto de Segovia y me sigue produciendo la misma admiración que el primer día que lo conocí, y que no soy capaz de recordar cuándo fue...
Quizás fueron unas fotos de mi padre, en su época de mozo, montado en una vespa y posando gallardo a los pies del acueducto, allá por los años sesenta, ya que le tocó la mili en esa ciudad, y allí estuvo de instructor en Artillería. Pero personalmente no consigo recordar la primera vez que lo visité.

          Digo que admiración y perturbación también, por qué no... Y ello debido a mi incomprensión de cómo aquella gente romana pudo acometer tan ciclopea obra más que para abastecer un acuertalamiento y un puñado de casas cuyos moradores se empeñaron en habitar la zona alta de la ciudad, ahora ocupada por el Alcázar. Muy importantes tuvieron que ser esas personas para justificar tanta tesón en aras de que no les faltara una gota de agua, desde luego.


          Y con ese fin se afanaron los constructores para labrar y mover miles de toneladas de sillares de roca gneis y granito. Enormes grúas, poleas, rampas, andamios....-Por no mentar la cantidad de esforzados obreros que hubieron de emplearse-, se dispusieron en el desaforado empeño. Pero el orgulloso y altivo pueblo romano no se achantaba fácilmente y nunca veía obstáculos si no soluciones. Veinte mil piezas componen ese puzle, armado sin argamasa alguna que las uniese, para traer el agua desde la sierra por una cacera que soporta los arcos, y atenuaron su velocidad suavizando la pendiente a lo largo de sus quince kilómetros de longitud.

          Se dice que aquellos arquitectos no conocían la teoría de los vasos comunicantes, ya que de ser así, con haberse dotado de una tubería cerrada para que el agua sifonara y remontara la cota, hubieran salvado la gran vaguada, que es donde el acueducto se presenta más alto y monumental, y se hubieran evitado tal ingente labor.
Pero tal conjetura no es cierta. Ellos lo conocieron de sobra ya que desarrollaron unos formidables conocimientos de hidráulica. Lo que no consiguieron encontrar fue un material idóneo y abundante con qué montar las cañerías, y aun más, un pegamento con qué soldar las juntas y hacerlas estancas para soportar grandes presiones.

          Y digo yo, que bendito sea el que no acertaran con la solución, por que no hubiéramos podido solazarnos con esta prodigiosa maravilla, monumento principal de la Humanidad.

Estampas de Castilla: Las corralas



LAS CORRALAS





          Las corralas formaron parte del paisaje urbano de las viejas ciudades castellanas, manchegas y andaluzas. Su disposición en corredores descubiertos formando un cuadrángulo sobre un patio cerrado posibilitaron y obligaron sí o sí a unas relaciones vecinales tan estrechas que casi rozaban lo familiar. Todos sabían de todos porque apenas pudo existir el anonimato, para bien y para mal. Quizás para aquella sociedad que nos ha precedido tampoco fuera tan importante el ocultamiento de la vida íntima porque en el fondo era una sociedad menos compleja y huraña, prefirieron (tampoco pudieron elegir) compartir con naturalidad su cotidianedad con los convecinos.


          No sé si sería mejor o peor aquel modelo de relación vecinal, pero sin duda más rica, vital y divertida sí. El modelo arquitectónico de estas corralas sería imposible en nuestra sociedad moderna, donde los edificios buscan precisamente lo contrario, el menor contacto posible, ni aun visual, entre unos y otros, como si la vida de cada cual fuera tan importante como para protegerla de la escrutadora mirada del vecino de enfrente. A veces pienso que lo que de veras queremos esconder es precisamente nuestro ordinario devenir y aún más, nuestras miserias.

          Pero en dichas corralas, como forma de habitáculo compartido, si hay algo que no ha cambiado con el paso del tiempo, ha sido el uso comunal de los tendederos como en ésta del barrio castizo madrileño de Lavapiés, retazo de una España que se nos va....

lunes, 18 de enero de 2016

Estampas de Tierra de Campos: el exvoto


EL EXVOTO


Los santuarios son lugares predilectos porque en tales lugares se ha originado algún milagro o alberga alguna imagen de especial devoción (generalmente porque se le atribuye milagros). Por ende de siempre han sido destinos de peregrinación.

Y donde hay santuarios hay exvotos, que son las ofrendas de los peregrinos como acción de gracias por la intersección de la virgen o algún santo en la consecución de algún favor, consejo espiritual o, por qué no, milagro.


Y en este punto enlazo con un retazo de historia que hoy les vengo a contar. Y es la que me sugiere la contemplación de este exvoto en forma de cuadro pintado que me encontré en el Santuario de Alconada, cerca de Ampudia, sito en una valleja que se desparrama en el confín de los Montes Torozos y Los Alcores y en fuga hacia la llanura terracampina.

Seguramente el óleo pase desapercibido, entre la multitud de pinturas o por culpa de su mala factura, para la mayoría de los visitantes, pero no para ustedes que sé de buena tinta que han corrido raudos a desentrañar el cartel del pie del cuadro, porque ahí se explica todo.

Y es que el niño José de la Plaza, hijo de unos vecinos del cercano pueblo de La Torre de Mormojón, fue deshauciado por los médicos ante su grave enfermedad. Su madre (siempre las provisoras madres...) se enconmendó a la virgen (en este santuario bajo la advocación de Nuestra Señora de Alconada) buscando que intercediera ante Dios. Será o no por tanto rezo petitorio el caso es que el rapaz sanó y salvó el pellejo.

En gratitud acudieron ufanos a ofrecer y dotar al santuario con ese cuadro alusivo a la sanación del infante, pintura bastante mediocre por cierto (quizás no encontraron mejor artista o, lo que me temo, eran demasiado humildes como para poder costear una obra de mayor empaque); en todo caso la calidad pictórica era lo de menos para los complacidos padres. En ella se nos muestra el niño José ya restablecido y lozano, a juzgar por el buen color de labios y mejillas, y, así vestido de gala, con su escarcela y su campanilla (que no sé cuál podía ser su uso), posa más rebonito que un San Luis.

Pero tenemos que ser generosos a la hora de juzgar los actos de nuestros antepasados por muy estrambóticos que nos parezcan y hacernos cargo; imaginarnos una época sin el 112, quirófanos, rayos X, ni antibióticos... Ya me dirán cómo se explicarían los casos de sanación, si solo podía mediar una perentoria y rudimentaria asistencia de los galenos, mas que por la concesión de algún milagro divino. Tuvo que ser la única explicación para la lógica de aquellas gentes.... 


Estampas de Castilla: El Monasterio de las Huelgas Reales, un ejemplo de poder femenino



EL MONASTERIO DE LAS HUELGAS REALES, UN EJEMPLO DE PODER FEMENINO


          Nadie puede negar que Burgos y su provincia es una de las tierras que más puede sorprender al visitante. En la provincia hermana hay cientos de rincones insólitos de gran belleza paisajística, pueblos que aún mantienen las formas arquitectónicas tradicionales y cómo no, las mejores muestras artísticas de todas las épocas, especialmente de la románica y gótica, dado el esplendor e importancia que tuvo el emergente reino de Castilla. A quienes gustamos de la historia,  Burgos se nos muestra como destino obligado por conocer.

          Aprovecho esta introducción para contarles a mi manera algunas cosillas del importante Monasterio de Santa María La Real de las Huelgas, o de las Huelgas Reales, que vengo de visitar. Y digo cosillas porque lo que voy a explicar no tiene mayor trascendencia, ya lo sé, pero que a mí me sirven porque son gestoras de una idea, y cuando eso sucede funciona el magín que es quien mandata a la mano para escribir. Entonces ya tengo la excusa para traerles otro pinito literario.

          Y lo que les vengo a contar de Las Huelgas es un ejemplo de cómo fueron las cosas en la antigüedad, y seguro que sea aplicable a otros monasterios de la vieja Castilla y del viejo León. Después del preámbulo histórico paso a la reflexión final que es donde quiero llegar, que es la de incidir en la importancia que tuvieron las mujeres en el devenir de la Historia y cuyo conocimiento siempre se ha querido, quizás intencionadamente, atenuar.

          Pues bien, este monasterio cisterciense femenino, sito en las afueras de la ciudad, fue fundado por el rey castellano Alfonso VIII y su esposa Doña Leonor de Plantagenet en el año 1187. Aquella reina inglesa tuvo especial interés en instituir un monasterio nuevo que alojara a su hija Constanza, y prefirió esta solución antes que destinarla a cualquier otro de los que ya estaban establecidos. No es casual que el lugar elegido fuera la preeminente ciudad de Burgos ya que era cabeza del reino de Castilla. Para la mentalidad y los planes de la realeza medieval los monasterios eran el destino preferido y el más digno para las hijas solteras a las que no pudieron (o no vieron conveniente) casar con infantes de otras casas reales, habida cuenta de que el sucesor al trono debía de ser varón, trono al que no pudieron ellas optar; pero que mancas sus padres no las iban a dejar, desde luego, como paso a explicar.

           Leonor procuró, siempre en beneficio de la infanta Constanza, como digo, que el monasterio tuviera los mayores poderes posibles y para ello lo dotó, aparte de las heredades correspondientes, de enormes territorios y de fuero propio en virtud del cual ejerció su señorío tanto civil como jurisdiccional, y también recaudatorio de no pocos impuestos. Además lo hizo depender directamente de la corona para que el vigoroso poder de la curia episcopal no pudiera entrometerse en sus negocios. Tales fueron los privilegios que fue adquiriendo el monasterio que en él se armaron los más notables caballeros e incluso se coronaron reyes como Alfonso XI y su hijo Enrique II, amén de constituirse como panteón real y nobiliar. Es decir, Las Huelgas tuvo todas las mayores prebendas posibles, quizás como ningún otro.

           Aquellas aventajadas infantas (que entraron, o no, como religiosas) se ocuparon de los asuntos materiales del monasterio utilizando su posición social privilegiada, dejando los espirituales para las abadesas. Pero claro, cuando aquellas damas además detentaron el cargo de abadesas, cargo principal del monasterio, como la tal Constanza entre otras, aparte del control espiritual del mismo (las abadesas hubieron de tener una fuerza o dominio similar al de los obispos), tuvieron que ostentar y retener un ingente poder político al ser representantes regios.

           Y con este relato me sirvo para llegar a la reflexión de la importancia que disfrutaron muchas mujeres aristócratas de León y de Castilla; mujeres ricas y poderosas, influyentes e independientes, e injustamente, y lo que más me temo, alevosamente, omitidas por la Historia.